jueves, 16 de octubre de 2014

VIDONDO SUEÑA CON RECIBIRSE DE MEDICO

Matías Vidondo: un campeón pesado que sueña con recibirse de médico
“Me daba más miedo rendir un examen que boxear”, asegura el alumno de la Universidad Nacional de Rosario.

Matías Vidondo iba para adelante como un chico que corre a un barrilete que se le soltó de la mano. Estaba ansioso “El Grandote”. Y más cuando veía que Marcelo Domínguez ponía sus brazos en forma de cruz y ensayaba una guardia a lo George Foreman para espiar de vez en cuando y sacar el zarpazo. Pero así y todo, el golpe final vino de Neuquén. Esa mano cruzada de Vidondo le perforó la guardia al ex campeón mundial crucero. Y tanto sangró el arco superciliar derecho del porteño que el sábado hubo nocaut técnico en el segundo asalto y Vidondo retuvo el título argentino de los pesados.

Pero Vidondo, además de ser un boxeador demasiado prolijo para el semejante cuerpo que tiene que mover, tiene una historia bastante particular. En realidad, él no soñaba con meter manos quirúrgicas.
Desde siempre, su primer sueño fue ser médico. Y sólo debe algunos finales para recibirse.

Una conducta que se repite en todos los pequeños es querer ser o hacer lo que es o hace el hermano mayor. Y en este caso, Vidondo quería ser como su hermano mayor, Gonzalo, un traumatólogo reconocido de la ciudad de Neuquén. E intentó seguir ese camino. Después de rendir mal las dos veces el examen de ingreso en la Universidad de La Plata, Vidondo se fue a la Universidad Nacional de Rosario. Y le cuenta con gracia a Clarín el por qué: “En Rosario te matan en la cursada, pero no tenía que vérmelas con las matemáticas del examen de ingreso en La Plata”.

Y así fue nomás cómo Vidondo se hizo camino al andar en Medicina y terminó de cursar en 2006. Pero como le sucede a muchos alumnos universitarios, le quedaron colgados los finales. Y no olvida que su sueño no está tan lejos.
“Sé que tengo que estudiar más, pero en el boxeo tengo una fecha de vencimiento y en la medicina, no.
Cuando me retire, mi sueño es recibirme y poder ejercer la profesión ”, dice Vidondo, que llegó al boxeo después de haber incursionado en el vóleibol y en las artes marciales.
Es que Vidondo no tiene raíces en el deporte de los puños. Un buen día, en el gimnasio donde iba a hacer pesas, se quedó un rato pegándole a la bolsa y su entrenador, Luis Vila Ginés, le vio pasta para empezar a boxear.
El neuquino está en desacuerdo con las bolsas que le pagan a muchos boxeadores en el país. Y lo dijo en alguna oportunidad. “Será por eso que no tengo prensa. Porque soy boxeador y hablo bien”, dice. “Es un deporte duro y si no tenés miedo, estás loco. Pero me daba más miedo rendir un examen que boxear ”, agrega.
Y, descontracturado, confiesa que en otra edad solía recibir palabras que lo afectaban, por lo que tuvo que enfrentar sus miedos. “Le tuve terror al fracaso intelectual. Siempre quise ser alguien, porque los más bajos siempre me llamaban ‘el grandote boludo’ o ‘grandote al pedo’ ”, confiesa sin tapujos.
Vidondo asume también con honestidad brutal que tiene problema con las comidas. “Tengo esa adicción. El colesterol lo manejo bien, pero me junto con amigos y le damos a los asados. Las ganas me persiguen”, cuenta entre risas quien no quiere saber nada cuando se le pregunta si es una contradicción que un boxeador estudie Medicina. “Los rugbiers son médicos y nadie les pregunta si es una contradicción hacer las dos cosas.
El boxeo es un deporte muy noble, para el que se necesita hombría e inteligencia ”, asevera.
Con el guardapolvo blanco y los guantes de boxeo, el campeón posó para el fotógrafo en la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional de Rosario. Matías Vidondo tiene la certeza de que seguirá combatiendo en pos de sus sueños.
[Foto: Carlos Carrion]

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